En cuanto a su discurso, lo poco que escuché no me pareció convincente, a pesar de que este señor es reconocido por su elocuencia y convertir las palabras en bálsamo para todo oyente. Tal vez soy yo, ya que nunca me gustó, o tal vez es él que está perdiendo el don con los años o por sobre exigirle en estas épocas electorales ya que citar a Corazón Serrano por "clavo saca a otro clavo" no creo que sea digno de un orador.
Una vez que acabó su discurso, comenzó el show (si es que sus palabras ya no lo fueron), sonó su canción de campaña (bastante pegajosa con letra creativa), se puso a bailar un poquito, agarrar un par de manos de sus simpatizantes y bajar del estrado en una para subir a su camioneta.
No faltó una estrella bailarina con la cara de una Luciana León en medio, un apuesto muchacho usando el polo con un número que podría apostar, es el de su papi, unos muchachos que representan a la juventud que no titubiaron a subir al escenario y bailar reggae ton cual tono sabatino y que podría asegurar no apoyan al señor motivados por convicción sino porque les pagaran por eso.
Ante esto, no puedo evitar preguntarme ¿cómo se sentiría Víctor Raúl Haya de la Torre ante esto? De estar entre nosotros, ¿cuál sería su reacción al ver al líder del partido que fundó en México para promover movimientos antiimperialistas en Latinoamérica? Es como si el APRA fuera su hijo y, una vez que falleció, quedó a cargo de su padrastro, quien lo llevó al mundo de drogas y alcohol. Haya de la Torre, como padre, estaría destrozado al ver a su hijo en tan mal estado. Ok. Creo que ya cole bastante con esta comparación, pero me parece lo más semejante al sentimiento que podría sentir.
Como conclusión a esto, este señor sabe lo que le gusta a la gente: mucho ruido, una canción pegajosa, bailecitos, citar a su grupo de cumbia favorito y prometerles lo típico; pero eso no es lo que un país necesita de su líder. Aún tengo fe en que, en algún momento, las mayorías van a escuchar propuestas y dejar de ver bailes, van a prestar atención al historial de su candidato y dejar de perderse en sus palabras bonitas. Es hora de votar por alguien con ideas claras, que no solo diga lo que quiere hacer sino cómo lo hará también, que no tenga procesos judiciales en su historia. Es hora de votar por alguien que no quiera estar en el poder sólo para aumentar los ceros de su cuenta bancaria. Es hora de votar por alguien que se deje conocer y no esconda nada. Es hora de votar por alguien que valga un Perú.
Es por eso, que en estas elecciones, debemos informarnos bien sobre cada candidato y sus propuestas. Que se preocupe por la economía, el medio ambiente, las comunidades nativas, la transparencia, entre otras cosas.